\25 de Julio\
Abro los ojos y una maña gris, fría y oscura me da la bienvenida por la ventana. Miro a mi alrededor, estoy tumbado en un colchón en el suelo, mojado y con la misma ropa que llevaba anoche al acostarme. Y es que es difícil no llegar rendido a casa después de media hora en bicicleta, bajo una lluvia que si se diera en Valencia parecería que se acerca el fin del mundo.Intento recordar que tal nos fue. Alex no estaba, eso es cierto, creo que se fue antes porque estaba cansado. O porque tenía frío, realmente no lo se. Pero fue una noche interesante.Y es que si se trata de salir en Wageningen, las posibilidades son bastante reducidas. La gente se dedica a emborracharse a base de néctar de malta en una especie de fusión debar de esquina y pub vintage, donde parece que todo el mundo se conoce, por lo menos por la cara de extranjero con la que me miran. Y es que el concepto de salir en Holanda está bastane distorsionado; para ellos una noche perfecta es aquella en la que, a base de cerveza, eres incapaz de recordar que es lo que pasó. Y nosotros, poco a poco, nos vamos amoldando.
Una vez se sale de este entrañable lugar, las posibilidades son más bien reducidas. Puedes ir al International Club, donde se junta la flor y nata del pueblecito. O irte a casa a dormir. Creo que anoche me decanté por la primera. De hecho las posibilidades son tan reducidas que el otro día íbamos caminando por la plaza y vimos la típica estampa española de dos señoritas bebiendo en la calle antes de salir. Y automáticamente entendimos que eran españolas y nos pusimos a beber a su vera. Y es que el concepo del botellón todavía no ha llegado a Holanda, pero creo que el día que descubran que es mucho más barato beber en la calle que en un bar, las pintorescas calles de Wageningen se llenarán de litronas vacías y holandeses borrachos gritando: "¡Vivo el botellón!"
Son las once de la mañana. ¿Por que me habré levantado tan pronto? Tengo un largo día por delante que voy a tener que dedicar a planchar, lavar, fregar, limpiar, cocinar... y es que en momentos como este te das cuenta del increíble valor que tiene una madre. Creo que lo primero que haré al llegar a España será echarme a sus brazos, sucio y malnutrido. Por lo menos ahora no tengo que limpiar por dos porque Jorge acaba de volverse a Valencia después de pasar casi 10 días conmigo. 10 días en los que no han falado anécdotas, risas y un viaje a Amsterdam. En verdad se le echa mucho de menos,pero se agradece su companyia, así que ya sabéis, queridos lectores, el que quiera venir tendrá preparado un colchón en el suelo de mi habitación y un plato de macarrones en mi mesa.
Miro por la ventana y lo único que veo es verde. Verde infinito que se extiende hasta el mar, y es que Holanda es totalmente plana, tanto que a lo que nosotros llamaríamos un pequeño desnivel del terreno aquí lo llaman la montaña de Wageningen. Están locos estos holandeses...Por lo menos vamos conociendo a más gente, como Sebastián y Gustavo. Sobretodo este último creo que se merece una entrada para el sólo en el blog, así que de momento no diré nada más.Tengo otro día más por delante en este pequeño pueblo, en el que parece que la vida se haya parado. Tanta tranquilidad a veces es inquietatenteMe despido desde Asserpark, con mucho afecto, y mandando un saludo a mis amigos y al sol de Valencia, porque se os quiere.
PD: Grüße an Hannah, die vor mir sitzt. Ich hoffe, dass sie eine treue Anhängerin des Blogs wird




